EN UNA NOCHE DE ALABANZA y oración en el grupo de la Divina Misericordia de la parroquia San Joaquín, en Costa Mesa, Luis Correa, feligrés de la iglesia Inmaculado Corazón de María y miembro del grupo Semilla Nueva, enfatizó el llamado de Dios a ser “pescadores de hombres” y a rescatar almas que sufren en el mundo. El evento, realizado en el salón parroquial de la iglesia de San Joaquín, en Costa Mesa, comenzó con una ferviente invocación al Espíritu Santo para que iluminara las mentes y los corazones de los presentes. María Gómez, integrante del grupo de oración de la Divina Misericordia, pidió al Espíritu Santo que entrara en lo más profundo del alma de los asistentes y, en su oración, pidió la consagración al amor de Dios de las familias, jóvenes, niños, matrimonios, hombres y mujeres, y la renovación de la Iglesia.
“Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices los que lloran, porque recibirán consuelo…” (Mateo 5, 1-12a) leyó Martha Monje sobre las bienaventuranzas de Jesucristo en el Sermón de la Montaña, donde destacó la importancia de la paciencia, la misericordia y la pureza de corazón. Después de compartir su testimonio personal, destacando su encuentro con Dios en 2004 tras una vida desordenada y varios intentos de suicidio, el predicador Luis Correa relató cómo su vida cambió tras un retiro espiritual y su deportación a México en 2019, donde continuó evangelizando. “Yo estaba pasando por mucha depresión. Lo único que quería era quitarme la vida. Pero una noche le dije: ‘Señor, si existes, ¡ayúdame!’.”
Luis nunca había invocado el nombre del Señor y aquella noche de 2004 lloró más que nunca en su vida y comenzó a sentir algo dentro de sí mismo. Su primo, quien lo había rescatado en la autopista, al día siguiente tocó a la puerta de su casa y lo invitó a la iglesia. Luis se decía católico, pero llevaba años sin ir a la casa de Dios. Su juventud la vivió alejado del Señor.
En la iglesia le regalaron un volante para un retiro de fin de semana. Luis aceptó el reto y cuando había caído en lo más bajo, tuvo su encuentro con el Señor. “El Señor nos llama siempre a estar con Él,” afirmó y leyó el pasaje de Mateo 4,12-22, tras la prisión de Juan el Bautista y el inicio del ministerio de Jesús en Galilea, cuando se retira a Cafarnaúm, cumpliendo la profecía de Isaías sobre la luz que brilla para los pueblos en tinieblas. Destacó que ser pescador de hombres no es una tarea fácil. “Se necesita la gracia de Dios,” expuso. “Necesitamos llenarnos de su palabra porque vamos a ir a rescatar a personas que están sufriendo allá afuera. Nuestro nuevo trabajo va a ser rescatar almas para el Señor, a personas que sienten que no son perdonadas, a personas que se sienten discriminadas,” dijo. “Lo vemos todos estos días con las persecuciones, a lo mejor no podemos ser muchos desde donde estamos, pero sí podemos orar por nuestros hermanos.”
“Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos,” fueron las palabras de Jesús a la gente y también para mí,” aceptó Luis Correa. “Después vino el llamado de los primeros discípulos, Simón Pedro y Andrés, y luego a Santiago y Juan, quienes dejaron sus redes y barcas de inmediato para seguirle.
“Hermanos, el llamado de Dios es para que seamos “pescadores de hombres” y rescatemos las almas que están sufriendo,” aseguró e invitó a los presentes a reflexionar sobre su propio llamado. “Es importante dejar atrás nuestras actividades para seguir a Jesús y vivir con amor y perseverancia en la fe,” subrayó. Considerado como una iniciativa de amor, de persona y de universal, el llamado de Dios es una invitación a la comunión con Jesucristo y a la santidad, no como un privilegio, sino como una misión de servicio para amar a otros.
“Dios me ha movido a servir,” dijo Alberto Chávez, de Michoacán, México, integrante del grupo de la Divina Misericordia desde hace siete años. Elías Ávila, facilitador y líder del coro, enfatizó la importancia de comprometerse con Cristo y buscar la salvación.
“La perseverancia en la fe y el amor a Dios es mi llamado,” dijo Ávila, de 25 años, quien compartió que Dios lo está ayudando a compartir su don musical. “Mi necesidad es mantenerme firme y fiel a Dios, incluso en tiempos de persecución, como sucede en la actualidad en la vida de los migrantes,” expresó.