Conferencia Católica de California
LOS OBISPOS CATÓLICOS DE California recibimos con profundo dolor y preocupación la noticia de la reciente pérdida de vidas humanas vinculada a acciones federales de control migratorio. Estamos de luto por quienes han muerto, rezamos por sus familias y acompañamos a las comunidades que hoy viven marcadas por el miedo y la incertidumbre. En un momento en que las personas ejercen sus derechos amparados por la Primera Enmienda para protestar y exigir rendición de cuentas, la violencia solo profundiza las heridas y erosiona los cimientos de la paz y de la confianza pública.
Nos unimos al llamado de nuestros hermanos obispos a la moderación, la transparencia y el respeto por la dignidad de toda vida humana. En una república constitucional fundada con frenos y contrapesos, la rendición de cuentas, el debido proceso bajo la ley y la verdad no son opcionales.
La deportación, por sí sola, no es una estrategia migratoria. La aplicación de la ley sin proporcionalidad y el ejercicio del poder sin rendición de cuentas no pueden producer seguridad ni estabilidad. Por el contrario, agravan el miedo, separan a las familias y colocan a vidas ya vulnerables en mayor riesgo. La política migratoria debe reconocer ante todo que los migrantes son seres humanos dotados de dignidad inherente y, a partir de ahí, ofrecer soluciones arraigadas en la justicia y no en el miedo o la fuerza. El papa Pablo VI enseñó: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia.” El papa Francisco reiteró esta verdad, recordando al mundo que: “Sin justicia no hay paz.” Y el papa León XIV subrayó: “Creo que debemos buscar maneras de tratar a las personas con humanidad, con la dignidad que les corresponde.”
En este momento, es justo preguntarse si nuestros líderes buscan verdaderamente la paz, procuran la justicia o se preocupan por tratar a todas las personas con humanidad. Las acciones de muchos de quienes dan órdenes y de quienes las ejecutan ya no reflejan los valores en los que se basa nuestra sociedad, y ciertamente no el mandato cristiano de amar al prójimo como a uno mismo.
A la luz de esto, renovamos nuestro llamado a una reforma migratoria significativa: una que aborde las causas profundas de la migración, ofrezca vías legales, preserve la unidad familiar y defienda el estado de derecho sin recurrir a un uso excesivo o indiscriminado de la fuerza. En este momento doloroso, oramos para que nuestra nación abrace la exigente tarea de la rendición de cuentas y de la verdad, sin las cuales la paz no puede perdurar.
En este tiempo de profundo dolor y de inquietud cívica:
Instamos a la oración por las víctimas, sus familias y por la paz en nuestras comunidades.
Nos solidarizamos con los migrantes y refugiados, exigiendo un trato justo y priorizando la unidad familiar y la estabilidad comunitaria.
Exhortamos a los funcionarios públicos, a las fuerzas del orden y a las autoridades migratorias a adoptar prácticas de reducir las tensiones, realizar investigaciones transparentes y garantizar la rendición de cuentas, conscientes de que la paz y la justicia son inseparables.
Afirmamos que la salud moral de una sociedad depende de la restauración de la confianza mediante la verdad, el diálogo y el respeto mutuo, principios arraigados en nuestra comprensión católica de la dignidad humana. Que el Príncipe de la Paz llame a nuestra nación a rendir cuentas, nos aparte de la violencia y del miedo, y nos conduzca hacia la justicia, la reconciliación y una paz duradera.